Ingenuidad, esperanza, alegría, desenfreno, afán, felicidad, desarrollo, sueños, deseos son algunas de las palabras que definen la niñez
Terabite, software, led, smartphone, tablet, cambios, qwerty son algunas de las palabras que definen la tecnología
Artrosis, presbicia, gota, colesterol, sobrepeso, angustia, stress, born out, son palabras que definen mi decrepitud
Miguel Cabrera, a cielo abierto©
La locura es poco entendida por aquellos idiotas que creen tener poder sin darse cuenta que en la cima de su grandeza hallaran la sima de su vida. Bienvenido a mi Castillo de Cristal.
Nestor
Creí que el cielo mismo se derrumbaba sobre mí. Aquel día todo sucedió de una manera inesperada. Tan así que aún no caigo en cuenta de lo que paso. Los ángeles dejaron sus trompetas para huir despavoridos. La sinrazón cubrió todo. A Belcebú le temblaron las rodillas.
A pesar de todo ello R. siguió tocando en su piano esa marcha que sabemos todos, La melodía fue destapando los oídos de los seres. Las notas se encadenaron formando una espiral que pasó las nubes. Y cuando todo se creía perdido bajo él con un mensaje de aliento, cumpliendo las promesas de antaño se enquisto en el corazón de muchos.
Rápido
Maximiliano Hernán González Sánchez era su verdadero nombre. Todos lo conocíamos como Max. Se hacia llamar así para no perder tiempo. Más delgado que una espiga de trigo y de bigotes que le cubrían los labios corría en lugar de vivir.
Era de esos que bufaban en la cola del supermercado cuando una anciana no se apuraba a cargar las cosas en el carrito. En los semáforos tocaba bocina antes que el amarillo pasara al rojo. Odiaba los bancos por sus interminables esperas, la calle Florida por la muchedumbre que frenaba su carrera hacia algún lado. No iba a la cancha porque tenía que esperar ciento cinco minutos para saber el resultado. Para él todo debía resolverse en segundos. Compraba libros y leía solo el final. Las películas las pasaba en modo rápido, imaginaba el diálogo y el final pocas veces coincidía con el suyo.
No se casó por no esperar en la ceremonia. No tuvo hijos porque demoraban nueve meses en nacer. No disfruto su infancia, deseaba ser adolescente. En esa etapa quería ser joven, adulto, anciano, cadáver. Planificaba lo que haría a determinada edad. Grababa sus objetivos ya que era más rápido que escribirlos.
Despertaba cinco minutos antes que sonara el despertador por el solo hecho de ganarle. Desayunaba mientras bajaba por el ascensor.
Cierto día, no hace mucho, cuentan que subió a su auto y salió rapido a una cita con una mujer. Nunca llegó.
A partir de ese hecho comenzaron las especulaciones.
Hay quienes dicen que alcanzó la penta-velocidad de la partícula, y otra serie de cuestiones rompiendo la barrera espacio-temporal. Hoy estaría en la cuarta dimensión buscando a esa señorita.
Otros aseguran haberlo visto pasar con su vehiculo a alta velocidad en la frontera con Bolivia rumbo al Norte. Estas versiones coinciden con lo aparecido en la prensa respecto al auto de patente argentina que cruzó sin visa hace unos días por Piedras Negras en México a Eagle Pass en Texas.
Un niño afirma haber visto un plato volador abduciendo un auto en las cercanías de Pilar. Según las referencias dadas por el menor coincidirían con las del auto de Max. Pero solo el niño asegura haber visto esto y como todos sabemos los chicos ven cosas que los mayores poco creemos.
Actuando de oficio, ya que no hay denuncia radicada, la policía esta intentando reconocer el cadáver de un NN que se encuentra entre los hierros retorcidos de un vehiculo. El que habría impactado con un tren poco antes de llegar a Bahía Blanca cinco horas después de la salida de Max de su domicilio.
En lo personal creo lo que me contó un paisano, del cual voy a reservarme dar mayores detalles. Él dice que hay un porteño, flacucho y de bigotes, viviendo hace poco en un pueblito perdido y de pocos habitantes. Cuenta que por las noches y con unas ginebras en su estomago recuerda su paso a toda velocidad por una vida que fue solo polvareda.
San Andres
En San Andres las mañanas son más frescas que en Barrio Parque. Da gusto caminar por sus veredas desparejas.
En San Andres la gente camina lento y algunos andan por la calle en ojotas. Las señoras pasean sus batones y escobas con todo orgullo.
En San Andres los árboles son más frondosos. Los bolivianos no son dueños de verdulerías y todas las tintorerías están atendidas por japoneses.
En San Andres hay un perro todo blanco que ladra desde la terraza de una casa vecina. No hay tejados de otro color que el rojo, también hay un malvón negro.
En San Andres los kioscos están en las casas escondidos tras rejas. Los almacenes son los mismos que hace treinta años pero con otros dueños. No hay supermercados chinos.
En San Andres hay mil trescientas cincuenta y cuatro bicicletas y siete motos, Los autos circulas por calles con empedrado y los dueños los lavan los domingos por la tarde.
En San Andres hay una mujer de una belleza pocas veces vista. Tiene una mirada distinta. Una vez que sus ojos se posan sobre un hombre él no puede trasponer jamás los límites del poblado. Solo podrá romper el endemoniado hechizo si vuelve a encontrarla.
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